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sábado, 17 de septiembre de 2016

Vi jugar a Pepillo y a Pukas

     

VI JUGAR A "PEPILLO" Y A PUSKAS

Si buscas en Google a Pepillo, jugador de fútbol, tienes mucha información y puedes hacerte una idea de su carrera: nacido en Melilla, jugador del Real Madrid, cedido a River Plate —donde estuvo un año—, pero donde es más recordado es por su paso por el Sevilla C.F. Terminó su carrera en el Málaga C.F. Unos hablan de sus habilidades, otros de su paso por River Plate; en fin, te haces la idea de un buen jugador con un palmarés brillante. Tienes la sensación de un futbolista estupendo, pero "sin más".

Yo había escuchado hablar de Pepillo en mi casa. Cuando mi padre se refería a él, hablaba de algo más que un buen jugador; antes no se hablaba tanto de cualquiera, y entre jugadores, menos. Había escuchado conversaciones de mi padre con Añil (otro tío especial, jugador de fútbol y paisano de Pepillo) y a más gente del mundo del fútbol de la época, todos retirados ya. Pepillo también lo estaba, por supuesto.

Estando yo en la cantera del Atlético de Madrid, se retiró Adelardo, un mito, capitán del equipo y jugador adorado por la afición. Como era normal en ese tiempo, se le hizo un gran homenaje. Se enfrentaron la Selección Mexicana y el At. de Madrid y, antes del partido principal, jugaban los veteranos del Real Madrid contra los del At. de Madrid. Como aliciente añadido, decían que jugarían Di Stéfano y Collar como capitanes, junto a una serie de jugadores míticos. Uno de ellos estaba recién retirado: Martínez Jayo. Por cierto, era mi entrenador. Para mí era un placer volver a ver a algunos que conocí en activo y a otros que tenía curiosidad por ver, pues solo sabía de ellos por referencias... sobre todo de Di Stéfano.

El campo estaba ya lleno desde que empezó el partido de veteranos; casi había más interés por ese encuentro que por el principal. Salieron los equipos como se salía antes (eso lo añoro): primero el Real Madrid, con su correspondiente pitada, y después el At. de Madrid, con una gran ovación. Enseguida me fijé en el número 9 del Real Madrid. No había visto nunca a Di Stéfano en persona, pero sí en fotos. Pensé: "Qué canijo es". Era calvo, delgado, con una manera de tocar la pelota y de moverse muy ágil, y me dije: "Ese no es Di Stéfano". Y no lo era. No caí en quién podía ser, ni yo ni nadie de los que estaban cerca de mí. Me desilusioné bastante, me quedé con la duda de si luego jugaría... No salió. Pero al final, me dio casi igual.

Martínez Jayo estaba recién retirado, se mantenía en plena forma y daba unas patadas que daban miedo; era un central de armas tomar. Pensé: "Al canijo este, Jayo se lo come". Pero empezó el partido y el número 9 del Madrid se dedicó a dar su recital particular: volvió loco a Jayo y a todo el que pilló. Jayo le hacía unas entradas para mandarlo a la tribuna, pero no había manera. ¡Qué habilidad, qué manera de jugar al fútbol! Y entonces tuve un flash... Recordé a Añil, a mi padre y a otros, y lo vi claro: "Ese es Pepillo". Y vaya si lo era. Alguien en la grada lo reconoció y el propio Martínez Jayo lo corroboró después: era PEPILLO.

En ese mismo partido salió un rato un tío gordito. Todos más o menos se mantenían, pero este no. A este sí lo conocía, aunque no lo había visto jugar nunca: "Pancho Puskas", me dije. Salió para darle categoría al homenaje y, efectivamente, no intentó ni correr... Pero le llegó un balón a sus botas y, sin pensarlo, le pegó una "hostia" al balón (no puedo describirlo de otra manera). Con una precisión y una velocidad alucinante —hablamos de los balones de 1976, no de las cositas con las que se juega hoy—, el tiro pasó rozando la base del poste y pegó en la chapa de publicidad. Aún recuerdo cómo sonó.

Conocí a Pepillo más tarde y me pareció una persona estupenda. Le hablé de ese partido y se rio. Él también se acordaba del encuentro y del tiro de Puskas.




 

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