Hay cosas en el mundo del fútbol que parecen increíbles, y vistas con el paso del tiempo aún lo parecen más, aunque en aquel momento ya resultaban una auténtica locura.
5 de mayo de 1991: encuentro entre los dos equipos del mismo pueblo en Segunda División B, con máxima rivalidad: CD Fuengirola contra CD Los Boliches. (Ya he comentado en algún otro post que aquel año en Los Boliches da para escribir un libro).
Jornada 37 del Campeonato del Grupo 3 de Segunda B, penúltimo partido de Liga. La situación del CD Fuengirola era estupenda: completaban una gran temporada con un solo lunar, pues en la primera vuelta habían caído derrotados en el feudo del CD Los Boliches por 3-1. Y ahora tenían la oportunidad de tomarse la revancha y poner a Los Boliches en una posición angustiosa antes de la última jornada. Por si le faltaba algún aliciente al choque, en el CD Los Boliches jugaba nada más y nada menos que... Juanito.
Voy a hacer un paréntesis sobre este tema: qué mal se portaron no pocos aficionados de Fuengirola con él. Siento escribirlo, pero fue así, y a Juanito le dolió bastante. Por eso celebró el final del partido en el vestuario con una alegría enorme, pero a la vez dolido con la gente de su pueblo, a la que tanto había dado. Y no solo alegrías por el mero hecho de pasear el nombre de su ciudad por toda España, sino también muchos favores impagados, tanto monetarios como de otra índole. Muchos, en vez de disfrutar del hecho histórico de ver a dos equipos de un mismo pueblo compitiendo en Segunda B —y encima con el mejor deportista de la historia de la ciudad como protagonista—, se lo tomaron como una traición o dejaron salir a pasear la envidia. Y qué mejor sitio para demostrar ser un miserable que en un partido de fútbol.
Vuelvo al partido y a los hechos: el CD Los Boliches volvió a ganar por 1-2, con goles de Amaya para el CD Fuengirola, y de Cidón y Santi para el CD Los Boliches. Este resultado casi nos salvaba, pero para asegurarlo en la última jornada teníamos que empatar como mínimo con el Betis Deportivo. Al final le ganamos 3-2 en un partido donde nuestro añorado Juanito jugó un último medio tiempo de forma magistral. La segunda parte no la jugó... no quiso. Y me alegré. Lo explico.
Teníamos el campo clausurado por sanción y decidieron llevar el partido a Álora. Aún no entiendo por qué nos llevaron a jugar allí. Hoy en día el campo de Álora es un estadio bastante bonito y con un buen terreno de juego, pero en aquellos tiempos no era una instalación adecuada para acoger un encuentro de esas características. Ver a Juanito —que de verdad dio una máster de fútbol ese día— en aquel escenario, sabiendo que era su último partido, no estuvo bien pensado. Merecía otro marco para su despedida, y los había.
El caso es que ganamos al CD Fuengirola por 1-2 y al Betis Deportivo por 3-2. Pero había un tercero involucrado: el CD Toledo, que descendió de categoría y denunció al CD Los Boliches por alineación indebida de Juanito.
Terminó la temporada y Las Palmas Atlético, Telde, Sevilla Atlético y CD Toledo perdieron la categoría. La denuncia por alineación indebida seguía su curso, pero nadie le dio importancia. Los equipos empezaron a confeccionar sus nuevas plantillas para el año siguiente: el CD Los Boliches apostó por otra gente, y yo, junto a otros futbolistas de aquel equipo, fichamos por el CD Fuengirola.
Arrancó la pretemporada y dio comienzo la siguiente Liga. Cuando ya se habían disputado dos jornadas de la nueva temporada, la Real Federación Española de Fútbol decidió que el partido de la campaña anterior entre el CD Fuengirola y el CD Los Boliches no tenía validez y que debía repetirse.
Alucinante. La Federación, única culpable del entuerto por tramitar, según parece, una ficha fuera de plazo, se lavó las manos y ordenó repetir el encuentro... ¡con la competición siguiente ya en marcha! Si hubiera habido más denuncias de otros rivales por los partidos en los que participó Juanito, todavía estaríamos jugando partidos pendientes.
Y se jugó. Sí, increíblemente se jugó.
E increíblemente me encontré disputando un partido correspondiente a la temporada anterior vistiendo la camiseta del equipo al que habíamos ganado meses atrás. Ahora me tocaba intentar derrotar al conjunto con el que yo mismo había conseguido la victoria.
Le pedí al entrenador no jugar aquel choque, pero me alinearon de todos modos. El partido terminó 0-0, con Juanito viéndolo desde la grada.
La Federación convirtió un 1-2 en un 0-0 federativo. Pero para mí, aquel partido siempre fue y será un 1-2.
La competición siguió adelante: el CD Los Boliches se mantuvo en la categoría que se había ganado holgadamente en el campo, y el CD Toledo se quedó en Tercera División, donde le correspondía estar por méritos deportivos.
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