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martes, 27 de diciembre de 2016

Un supuesto Amaño y como el corazón engaña a la cabeza

    Historia de un «supuesto» amaño y cómo el corazón engaña a la cabeza

El final que no cierra nada. Una vez terminó el partido, después de pasar por el vestuario con esa sensación de vacío, de no saber qué demonios acababa de pasar, bajé las escaleras que llevan fuera del estadio. Casi en la puerta, me topé con mi querido Hugo Cabezas. Me saludó con esa media sonrisa suya y me soltó: —Agustín, ¿esto estaba amañado, no?

Yo, con el corazón en un puño, le respondí: —¿Qué va, Hugo? Hemos jugado fatal y ellos se lo jugaban todo... Pero no, nada de eso.

Hugo no se quedó convencido —ni yo, en el fondo—. Se lo dije con el alma convencida, pero la cabeza, después de lo que había visto antes y durante el partido, me gritaba que algo olía a podrido. Y olía. Le hago demasiado caso al corazón, siempre lo he hecho.

He empezado casi por el final porque aquel día tuvo tantas consecuencias personales para mí que aún me queman. Se cargó un bonito proyecto del que después se aprovecharon unos carroñeros que pasaban por allí. Pero vayamos al principio, para que se entienda el mazazo.

El contexto: un equipo a punto de caramelo. Era el último partido de Liga, en casa contra el Granada CF. Nosotros, sextos clasificados; si ganábamos, quintos, pero daba igual: la temporada ya era un éxito. Ellos, en cambio, bailaban al borde del descenso: si el Almería ganaba su partido, necesitaban vencernos por tres goles de diferencia para salvarse. Si el Almería fallaba, la cosa se ponía negra para el Granada. Nuestro equipo era una roca en defensa —el cuarto menos goleado de la categoría— y en casa solo habíamos caído ante el Levante UD, que al final se coronó campeón. En resumen: teníamos mejor equipo, punto.

El año había sido largo y jodido. Tuve que ponerme al cargo del banquillo muchas jornadas y, la verdad, saqué buenos resultados —pocos tropiezos, mucho mérito—. Eso molestaba al Colegio de Entrenadores y a la prensa local, que veían cómo mi forma de hacer, más de calle que de manual, ponía en entredicho lo establecido. Pero eso es otra película, digna de su propio post.

Llegamos al partido como a uno más. Éramos de los pocos clubes al corriente de pagos, con jugadores revalorizados que luego demostraron su valía: todos tenían ofertas jugosas de equipos grandes, contratos gordos. Lo ideal era cerrar en casa con profesionalidad, haciendo las cosas bien. Lo justo.

La semana rara: la grieta que lo cambia todo. La preparación fue normal... salvo una cosa que pudo torcerlo todo. Loren, un chaval muy joven entonces (que después lo petó en Primera División durante muchos años), era nuestro central titular desde hacía varios partidos. Pero en el anterior, en Albacete, un rival que luego fue compañero suyo le metió un codazo con toda la mala leche del mundo. Le cosieron 17 puntos en la lengua. Decidí que no jugara, aunque él estaba loco por salir al campo; era un riesgo innecesario y yo no iba a jugármela con un crío.

Llegamos al día del partido y ya algo me chocó: el recién llegado presidente del Granada no quiso sentarse en el palco, como hacían todos. Me enteré durante el calentamiento. El Granada no salía a calentar y yo, en un momento, me acerqué a nuestro vestuario. Al girarme, veo entrar a un jugador nuestro —uno que no iba convocado desde hacía semanas— en el vestuario visitante. Su cara al pillarlo fue un poema: no le hizo ninguna gracia que lo viera en su «vestuario amigo».

Este tipo había jugado en el Granada antes, así que el corazón me dijo: «Irá a saludar a viejos compañeros». La cabeza me susurró: «¿Qué coño hace ese ahí?». No saludaba a nadie. Con el tiempo me enteré de que, supuestamente, andaba en otras movidas.

El partido: inexplicable, o demasiado explicable. El encuentro fue un sinsentido desde el minuto uno. Explicable solo con la sospecha que Hugo Cabezas me plantó después y que yo, ingenuo, me negaba a aceptar. En el descanso perdíamos 0-3. Les miré a los ojos y solté: —¿Qué os pasa? No podemos jugar tan mal, con fallos de infarto.

Pero ni se me pasó por la cabeza otra cosa. Fallos increíbles, sí, pero ¿traición? Imposible.

Lo supuestamente pactado se cumplió a rajatabla: terminó 2-5, con los tres goles de margen que sacaban al Granada del pozo y nos metían en un lío monumental al Atlético Marbella. Aquello fue el detonante: la gente que había apostado por el proyecto se hartó con razón. Y la respuesta de algunos aficionados... una vergüenza. Uno le rompió el carnet de socio en la cara al presidente —20.000 pesetas de cuota a un tío que había metido millones de pesetas en el club—.

A mí me dejó tocado de muerte. Encima, lidiaba con una lesión grave de ligamentos cruzados de la que me recuperé, pero que a mi edad ya no me dejaba jugar ni al 70 % de lo que podía dar. Me negué a aceptar lo evidente durante años: que el partido había sido, supuestamente, amañado. No podía creer que compañeros profesionales se dejaran corromper, traicionando no solo a su equipo, sino a otros futbolistas de la categoría —compañeros de profesión—, y sobre todo a su propia dignidad y a una ciudad que creía en ellos.

La verdad que llega tarde: palabras que pesan como plomo. Pasaron los años y un día el intermediario del proyecto —un representante de jugadores bastante golfo— se vanagloriaba de su «hazaña» ante un íntimo amigo mío, más que amigo: familia. Me lo contó todo. La pena es que son solo palabras, pero yo tengo certezas. Ese «jugador» del vestuario visitante y alguno que juga ese día, según el intermediario, supuestamente habían vendido el alma. Traicionaron al equipo, a los compañeros y a Marbella entera. Dijo nombres... No los repito: hace décadas de esto y no tengo pruebas físicas, pero la indignación me quema como si fuera ayer. Me duele en el alma no haberle hecho caso a la cabeza.

Al año siguiente nos tocó ir pronto a Granada. Al salir a saludar al centro del campo —como se hacía antes—, el público nazarí nos dedicó una ovación atronadora de agradecimiento. ¿Por un supuesto amaño? Qué ironía tan cruel.

Esta historia puede ser cierta o no. Que cada uno la vea como quiera. En el fútbol, en la vida y en todos los ámbitos hay gente extraordinaria... la mayoría. Pero también está esa en la que confías, que crees extraordinaria, y resulta que es falsa hasta la médula.

martes, 20 de diciembre de 2016

Chirle también llamado Chirlenko

                              Chirle también llamado Chirlenko


                                Chirle y yo arriba y Santi abajo

He conocido a  muchos jugadores en mi vida como es normal , unos mas serios otros divertidos , amables , no tanto , algún   regularcito de Bernal ...

(Bernal es un portero amigo , que si le preguntabas por un jugador y te decía " regularcito" ...No era un piropo futbolistico precisamente , mas bien todo lo contrario )

Sigo , alguno peculiar o muy peculiar y en esa especie de los que  he conocido , el ganador es sin duda ....."El Chirle"..
.Pero mi amigo Chirle no era regularcito de Bernal , era un magnifico jugador y ademas es de los que se hacen ídolo del Pueblo por encima de cualquier otro jugador , precisamente por sus características especiales ...

Chirle como jugador ...Me es difícil definir...Imprevisible  creo que es la palabra...Era un delantero que físicamente era un portento , rápido , ágil y con un salto espectacular y muy valiente ....como defecto...Le gustaba adornarse un pelin , en las fotos siempre saldría con una pose , en esta época de la tecnología seria un modelo perfecto para los fotógrafos , siempre mantenía la pose un segundo mas de lo necesario , y muchas veces eso le hacia hacer cosas fantásticas y también fallar cosas inexplicables...Pero quedaba bien .

Yo fui compañero suyo en dos equipos diferentes en el CD Toledo y en nuestro pueblo Fuengirola...

El CD Toledo de la época era un equipo en que media plantilla estaba cedida por el Real Madrid y la otra media por el Atlético de Madrid...Yo era de estos últimos...

Y en medio de estos estaba el Chirle y Santi otro buen amigo de Fuengirola , digo esto porque con los dos se cometió una injusticia por parte de un Presidente que en Sierra Morena en la época de los Bandoleros no desentonaría nada , este personaje era el peor presidente que he conocido y mala persona .

El primer día de entrenamiento coincidió con la presentación y la presentación coincidía con jugar un partido entre nosotros , nos juntamos allí  toda la plantilla , lo normal , conversando y conociendo al personal ...todos decían algo , menos uno ...El Chirle...

En un momento dado un amigo mio y compañero de la época me pregunto..."¿ Ese tío quien es ?"... "¿El que cuida el Campo?" ...refiriéndose al Chirle ...Yo me reí y le dije a De Blas , que era el compañero y ademas jugaba de central..."Ahora que vamos a jugar  un partido......me parece que te va a tocar marcar al que cuida el campo".....Y vaya si lo tuvo que marcar , yo diría lo sufrió , Chirle lo volvió loco ...

Pasado unos días llego al equipo un canario , que también jugaba de central , y daba patadas a todo lo que se movía Torres era su nombre ...Ese de escuela Canaria nada de nada , era terrible , muy buen tío pero duro como he visto pocos ..... 

Y Chirle seguía sin hablar , llegaba se vestía entrenaba y nada mas .

 ...Este canario intrigado me dijo...Oye Agustín este tío ..."¿Es Español ? "...Le dije , "claro es de Fuengirola" ... Torres , con su acento Canario me dijo ," yo creí que era Búlgaro o de un País de esos "..."Y como se llama Chirle pensé que seria Chirlenko o algo así "...Desde ese momento en el equipo paso de ser Chirle a Chirlenko...

Yo mas tarde siempre le llamaba  " Mario" por Mario Kempes " El Matador" , ese apodo le hacia mas justicia ...

Pero el Chirle siguió sin hablar , después ya vino lo comentado antes del Bandolero Presidente que prescindió de sus servicios de manera muy injusta .

A los pocos años coincidimos de nuevo ya en Fuengirola , y un día en un partido contra el Velez Málaga , hizo  quizás la mejor actuación de su vida .

Yo ese día estaba sancionado por acumulación de tarjetas , Chirle era suplente , y el primer tiempo termino 0-0 y aquello no tenia buen aspecto...

Pero teníamos el arma secreta , salio Chirle el segundo tiempo y se entretuvo en hacer cinco goles en 45 minutos , fue una apoteosis , eran los tiempos que la gente de Fuengirola era del CD Fuengirola y llenaba el Campo domingo tras domingo , no he visto a un tío disfrutar mas durante y después de un partido , lo sacaron a hombros y fue el mas feliz del Mundo .

Cuando se nombra al Chirle en cualquier reunión de futbolistas ,todos sonreímos contamos cosas , unas buenas otras no tanto , muchas con gracia ...Pero todo el que lo conoce tiene algo que decir , casi siempre bueno

 ...A nadie dejo indiferente...

He de decir que nunca se cuido , el tema de lo que es la vida de deportista con él no iba mucho .

Hace tiempo que no se nada de él , pero he escrito este post con una sonrisa en la boca .

lunes, 19 de diciembre de 2016

Hola y Adios


                     Adiós 2016  .... Hola 2017


Se va 2016... Unos dirán que ha sido un gran año, otros, que ya está tardando en irse... En definitiva, nada nuevo bajo el sol... más de lo mismo.
Y en el Mundo del Balón, pues nada nuevo bajo el sol, más de lo mismo, cada vez más polarizado en dos, incluso diría más que en el 2015. Tengo la impresión de que el fútbol, y cuando digo fútbol, digo el juego en toda la extensión de la palabra, no interesa en absoluto; no es una impresión, es una certeza.
La impresión que tengo es que son dos cosas las que interesan: los últimos 10 o 20 metros del terreno de juego, que son las inmediaciones del área, y sobre todo y más que nada que el enemigo, y digo bien lo de enemigo, fracase... Si tiene éxito, minimizarlo de la manera que sea, mintiendo, minusvalorando, sacando imágenes de hace mil años para demostrar tal o cual agravio y haciendo debates estériles, donde cada uno dice lo que quiere escuchar su amigo y haciendo comentarios hirientes sobre el enemigo, haciendo de cualquier partido el partido de los partidos y alabando sin mesura siempre que el jugador preferido juega bien, y callando y justificando si ese mismo jugador no la toca en un partido; cualquier acción se sube al cielo o se baja al infierno dependiendo del interés del momento. Hoy ser anti tal o anti cual es un honor, es un mérito enorme. 
...Proclamarse anti lo que sea que esté de moda es un deber, y siempre estarán los amigos palmeros que incitarán y admirarán al periodista con más mala baba o al peor de los aficionados que hoy pululan por las redes "sociales"... Esto de... "Sociales"... Habría que analizarlo, porque si esta es la sociedad que rodea al fútbol... y lo es... Poco voy a durar en ella.

(Álvaro, no lo estamos llevando crudo... Shhhi, cállate, que no se enteren).


Por poner un par de ejemplos de impresentables en lo futbolístico, no los conozco en otra faceta, pero me temo que poco cambiarán lo que les funciona para lo que pretenden: Cristóbal Soria y Álvaro Ojeda, que están haciendo caja y bien hecha de la mala baba, la mala leche, la mentira o falsear la verdad sin vergüenza alguna... Lo peor es que muchísimos darían la vida por estar en el lugar de estos dos individuos.
Yo sigo disfrutando del juego en el más amplio sentido de la palabra... siempre desde mi punto de vista... Me gustan los más de cien metros de largo y más de 60 de ancho del terreno de juego y espero que siga siendo así. 
Por otro lado, 2016 se ha llevado a personas admiradas por mí, unas que conocí y otras que no, pero que van formando parte de la vida de uno. Ellos y otros muchos me han ido formando la visión que yo tengo de este deporte, estas personas que ya no están con nosotros... lo pongo en el debe de 2016.
De 2017, ¿Qué espero?... Pues nada nuevo bajo el sol, más de lo mismo... La división será más extensa, los Cristóbal Sorias y Alvaros Ojedas de turno haciendo caja... y los "aficionados" a la mala leche sacándola a pasear en cantidades ingentes por las llamadas redes "sociales"...

                         Adiós 2016... Hola 2017.


                           
Felices fiestas.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Tell the truth

                            TELL THE TRUTH


Pregunta una periodista a un famoso actor. 
"¿Qué hay de las noticias falsas? ¿Fuiste objeto de noticias falsas?"

Contesta él: "Oh, sí, ¿qué dijeron? ¿Que me presento a presidente?". Sigue con ironía, ¿no? ¿Qué dijeron?".
Sigue la periodista: "Dijeron que apoyabas la candidatura de Trump". Sigue ella preguntando: "¿Cómo lidias con eso?". 

¿Qué tal lo llevas?

Y aquí viene una contestación genial... Dice él: "Si no lees los periódicos, no estás informado"... Pero si lees los periódicos, estás mal informado".
Y sigue la periodista... ¿Qué podemos hacer?
Contesta él: "Buena pregunta" y sigue.
¿Cuál es el efecto de tener demasiada información?... Él mismo se responde.

"Uno de los efectos es la necesidad de ser el primero", "aunque no sea verdad". Continúa.

"¿Cuál es la responsabilidad que los periodistas tenéis?


Solo una, contar la verdad".
"No ser solo los primeros, sino contar la verdad".

"En nuestra sociedad ahora solo es cuestión de ser el primero".

"¿A quién le importa si es verdad o mentira?, publícalo", "¿Qué importa quién sale herido?", "¿Qué importa a quién destruimos?". 

No importa si es verdad"...." Solo dilo, véndelo".
Termina diciéndole: "Si practicas, serás buena". "Aunque sea publicando mierda".

Se ríe y se va... Este tío es Denzel Washington.
En menos de un minuto le resume a una periodista lo que en España (no sé en EE. UU.) son seis años de carrera, ser periodista, ni más ni menos.
Decir la verdad, simple, ¿no? 
Pues lo mismo de simple, es de imposible que eso suceda.
Si la información se basara en la verdad... ¿De qué iban a vivir la mayoría de ellos?
 Si no crearan mal ambiente... ¿Cómo iban a sustentar los chirincircos que tienen montados?
La gente que humilla, desacredita, familiares de los que humillan y destrozan.

Mala suerte, daños colaterales.
Periodistas serios y que tratan de decir la verdad.

Qué aburridos, no interesan o se aburren ellos y se quitan de en medio.
Pero lo peor es que la mayoría de las veces sabemos que nos están mintiendo, que son unos falsos, que no tienen ética, que van a hacer daño a gente sin merecerlo o sin prueba alguna, que la noticia que dan es falsa o tergiversada para molestar al contrario o simplemente es lo que "su público" quiere escuchar.

Nos hemos acostumbrado a la sangre, a la bronca, a la bilis con mucha mala leche.

Y sobre todo nos han acostumbrado a aceptar la mentira.
Y parece que eso es adictivo.
             Decir la verdad... No mola nada.
Yo, como aún creo que esto puede cambiar, pedía en 2017 y pido ahora que nos digan la verdad... O que exijamos que nos digan la verdad, aunque esa verdad sea algo que no nos guste escuchar.

                     

               

martes, 13 de diciembre de 2016

¿ Porque los peores mandan tanto ?

                              ¿Por qué los malos mandan tanto? 



 La verdad es que no tengo muchas ganas de escribir nada, porque este mundo del fútbol es tan diferente del que tengo en mi cabeza que la motivación es poca, y además no pasa nada si no lo hago; cualquier día pasará, no escribiré nada más y ya está.
Pero leo cosas que me sorprenden, aunque cada vez menos, y me planteo la pregunta que encabeza el post... ¿Cómo es posible que casi siempre los más insensibles e incapaces manden tanto? 
¿Por qué pasa esto?
Gente que por sus decisiones te dan a saber su valor, su catadura moral, que es ninguna; se quedan tan a gusto, normalmente esgrimiendo unas reglas estúpidas que aplican como si fueran las tablas de Moisés; las ejecutan sin que nadie se lo pida, yendo en contra del más mínimo sentido común.
Leo con rabia y pena que al Chapacoense y al At Mineiro les han dado por perdido el partido que debían jugar tras la terrible tragedia que aconteció en el accidente aéreo del primero, y lógicamente, por respeto y sentido común, decidieron no jugar.
Un partido en el que no se jugaban nada... Yo digo, aunque se jugasen...
Ese partido para la Federación Brasileña... ¿era tan vital?... Pero claro, con la barriga llena en su despacho, los mandamases de turno no se podían estar callados y dar ejemplo de solidaridad, de sensibilidad, de ser unos buenos patriotas, de respetar el dolor de todo el pueblo brasileño... ¡No! Ellos tenían que demostrar una vez más... quién manda...
 Deciden que el partido hay que jugarlo, pasándose por el Arco del Triunfo el dolor de un equipo, una afición y un país... Y por cierto, un equipo que iba a defender, entre otras cosas, a esa Federación que ahora los ningunea y humilla.
Y naturalmente, en una demostración de respeto y de grandeza, el Chapecoense y el At. Mineiro... No han jugado...
Pero son sancionados tanto deportivamente como económicamente.
 ...Es lo que dice la regla...
Qué pobres hombres son esos dirigentes que aplican las reglas de esa manera; si hubieran vigilado las condiciones en que viajaban, a lo mejor no hubieran tenido que aplicarla...

Aquí tenemos nuestros dirigentes y demás fuerzas que mandan en el fútbol y también se te cae el alma al suelo... Villar, Tebas, malas personas que no aportan absolutamente nada, aparte de crear mala leche y llenarse la barriga, la suya y la de los amiguetes, secundados por lo peor del periodismo...
Los Pedrerol, Mascarel... y demás fauna, que solo viven de adular sin vergüenza al Amo y a quien les ordene el Amo y tirar a matar al contrario... dan mucha vergüenza y asco... y lo peor es que la gente sigue a esta panda solo por el hecho de la bilis que sueltan por la boca.
 Sí, señor, estos tíos son los dueños del fútbol...
Los dirigentes, los dueños de verdad, son los que dirigen el cotarro, llenan su cuenta corriente, y los voceros son los que mandan de verdad en la voluntad del aficionado...
Y vuelvo a preguntar... ¿Por qué lo peor de la sociedad manda tanto? En el deporte, en la política, en puestos importantes de la comunidad, en cualquier sitio, normalmente el que manda es el peor o el más mediocre. 
Siempre nos quedarán el Chapecoense y Atlético Mineiro.

...Yo lo percibo así... ¿Será porque es martes y 13?

lunes, 5 de diciembre de 2016

De Victor Parra a Jose Carlos Tello

  De Víctor Parra a José Carlos Tello


Todo el que ha jugado al fútbol encontró en casi todos los equipos jugadores especiales en una cosa; son esas personas que, por decirlo de alguna manera, son más valientes que la media. Yo, por suerte, he conocido a bastantes de estos tíos; son personas con las que uno, futbolísticamente hablando, iría a cualquier sitio, te hacen sentir seguro; si en algún momento te temblaban las piernas, saber que están por allí te da el plus de valor del que uno carece; incluso te lo contagian y te hacen parecer más valiente y más seguro de lo que en realidad eres.
Ya digo, mi lista es amplia, desde Gil en el Ceuta, pasando por Quico Rodríguez y Antonio Quero en Fuengirola, Añón y Agustín en Marbella y muchos más, que en partidos donde estaba la cosa regular por el ambiente en contra, la importancia del partido, los contrarios, circunstancias externas... El que ha jugado al fútbol sabe de qué hablo... Estos individuos estaban, si cabe, más enteros y hacían que tu ánimo y la seguridad en ti mismo fueran la propia para dar lo mejor de ti.
Para explicarlo mejor, voy a poner dos ejemplos, uno de mis comienzos y otro que yo considero casi el fin de mi carrera.
En la temporada 1974-75, yo, con mis 16 años, llegué a Madrid con mi timidez a cuestas y sin saber realmente dónde estaba, pero a un adolescente de la época, fichar por el At. de Madrid le suponía llegar al cielo. El juvenil del Atlético era un magnífico equipo; casi todos llevaban más de un año en el equipo, menos cinco nuevos, quizás alguno más, pero yo recuerdo a Corchado, Juanin, Juan Carlos Díaz, yo y mi protagonista Víctor Parra...
La primera vez que me fijé en él de manera que vi el carácter de Parra fue al terminar uno de los entrenamientos; había poca agua caliente y, en fin, los más veteranos se duchaban primero, haciendo gala de estatus o de saber cómo funciona la cosa... (Hablar de ser veterano en un equipo de juveniles suena regular).   Uno de esos "veteranos" y el que más iba de "listillo" era Brito, un canario que no era mal chaval, pero era un poco rarillo; estaba creidillo y quería marcar más territorio de la cuenta... El caso es que Parra llegó antes a la ducha; el tal Brito quiso hacerse el listo y sacarlo de la ducha... Y no, no lo sacó y Parra a Brito y a todos los demás les mandó un aviso que a nadie le pasó desapercibido; era nuevo en el equipo, solo eso... nuevo.
Yo soy de su misma edad y por eso y porque es una excelente persona, pues hicimos una buena amistad, y además en el campo era de estos tíos de los que trata el post, y no venía solo; Víctor Parra tenía unos amigos, "colegas", como se dice hoy día, que nos acompañaban a casi todos los partidos y si con Parra te sentías bien en el campo, sabiendo que estaban sus "colegas", aún más. Antes se jugaba el partido dentro del campo y había otro partido que se jugaba en las gradas y era importante tener buenos "jugadores" en esa parte del campo...
La segunda temporada , la primera división de juveniles de Madrid se dividió en dos grupos en uno era cabeza de serie el Real Madrid y en el otro era cabeza de serie el At de Madrid...Y en nuestro grupo había como siete equipos dependientes directamente del Real Madrid y a la cabeza el Magerit ( hoy día es el nombre de un equipo femenino de fútbol )...es decir el Magerit empezaba con 12 puntos...( las ligas eran de dos puntos la victoria ) , ningún equipo dependiente de la misma casa se atrevería ni a empatar , además tenían un buen equipo ...A lo que voy ..El penúltimo partido de liga jugábamos en Aravaca llevábamos un punto de ventaja al Magerit y el Aravaca a pesar de ser independiente era pro Madrid y estaban terceros y ganar al At de Madrid era un plus , en esa época mas , además para darle mas tema al partido se presentaron allí los componentes del equipo de Magerit en un acto un poco chulesco , del que después alguno de ellos se arrepintió .



 Había mucha, pero mucha gente viendo el partido, pero después de hacer un gran partido, ganamos 1-3. Al final del partido, incitado por los jugadores del Magerit y algún imbécil del equipo contrario, hubo una invasión de campo con la finalidad de agredirnos... Pero no contaban con Parra y sus colegas... Estos entraron en el campo y en dos minutos se les quitó las ganas a los Mageritenses y demás "valientes" de seguir con el tema de la agresión e hicieron bien... No hubiera sido un buen negocio para ellos; alguno lo comprobó...
Mi amigo Parra después fue entrenador de mi hijo y, por lo visto, su carácter sigue intacto, un gran tipo.
Pasa el tiempo, llego a la temporada 1988-89 en el At. de Marbella y allí coincido de compañero con Jose Carlos Tello; yo lo conocía de rival, otro de esta raza de jugadores a los que me refiero... Un tío que fuera del campo no puede ser más tranquilo, pero dentro del campo es otra cosa y si vas por las buenas, perfecto, luchas, peleas con él sin problemas... Pero si vas por las malas, vas a tener un gran dolor de cabeza...

Ese año, en el partido en casa con el At. Sanluqueño, ellos venían invictos; era el partido previo al parón navideño. Yo estaba recuperándome de una lesión de ligamentos cruzados y, por circunstancias, estaba al cargo del equipo como entrenador... un lío... El partido fue duro, pero nada especial, ganamos 3-0, pero ellos no digirieron bien la derrota y su entrenador, un tal José Carlos Díaz, se encargó de más o menos decir que les habíamos robado y no sé cuántas tonterías más y que en el partido de vuelta nos esperaban...
Y es verdad, nos estaban esperando; el tal José Carlos Díaz, que iba de tío guay, lo tenía bien preparado... Nos desplazamos 15 jugadores y el delegado, ni un solo aficionado, ni directivos, ni nadie. Nuestro presidente me dijo que iba a venir y yo le dije que, por favor, no viniera, que iba a ser peor, y allí nos presentamos con un ambiente de lo más desagradable que he vivido. 
...Yo ya había adquirido experiencia y tampoco me asustaba con facilidad y tenía a algunos compañeros muy bregados, pero sobre todo teníamos a Tello y eso era mucho tener... También en mi equipo había alguno que estaba muy muy asustado...


Antes de los partidos, lo normal era que estuvieras en el terreno de juego mirando; yo, como hacía de entrenador, fui en un momento dado al vestuario y me encontré a un jugador vestido de futbolista, cuando aún no había dicho ni el equipo que iba a jugar... Antes, la alineación era del 1 al 11 los titulares y hasta el 15 los suplentes, pues este se había puesto la camiseta número 15.
...¡Se había vestido de suplente!...
Le dije: "Cámbiate de camiseta que vas a jugar de titular"; se puso blanco...
Este chico medía 185 cm y era delantero; el chaval ganaba un buen dinero y venía como revulsivo, entre otros. Si alguna vez piensa en este partido, imagino que sentirá algo de vergüenza; le faltaba lo que a Tello le sobraba. Ni que decir tiene que lo tuve que quitar a los 25 minutos y nunca vi un tío más feliz de salir de un terreno de juego...
El partido fue un infierno, pero empatamos y Tello demostró lo que ya sabíamos, que con tipos así se puede ir a cualquier sitio, sea a jugar al fútbol o donde sea.
De cada uno de ellos, de los que nombré en este post, podría contar cosas similares, pero elegí estos dos por ser el uno cuando uno andaba con la ilusión juvenil de jugar a esto y no paras de soñar en ser un gran jugador, y el otro porque ya cuando las luces del fútbol se apagaban, pero aún sentía orgullo de conocer y ser compañero de gente así.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Cada época es una distinta no mezclemos

 Cada época de la historia del fútbol es distinta...

                          No mezclemos.









Cuando leo o escucho que tal o cual jugador es el «mejor de todos los tiempos», me asombro por dos motivos: primero, porque me pregunto si quienes lo afirman han visto jugar a todos los futbolistas de la historia; y segundo, y esto me asombra aún más, cuando lo dicen exjugadores de otras épocas. Creo que toda esta gente obvia un factor fundamental: las circunstancias, los medios y el contexto social de cada momento histórico.

Voy a trasladarme únicamente a las décadas en las que yo jugué: mediados de los setenta y los ochenta al completo.

Empecemos por los terrenos de juego —sin contar los campos malos de verdad, que de esos ya ni hablo—. En septiembre arrancaba la Liga y los campos de césped estaban aceptables, pero nada comparado con cualquier terreno de juego actual: aceptables y punto. A partir de ahí empezaba una pelea continua entre el césped y los cuidadores —o el cuidador, que era lo habitual—, y casi siempre ganaba el barro. Los que teníamos la suerte de jugar sobre hierba nos conformábamos con que desde la grada se viera algo verde y el balón no botara demasiado mal; con eso ya eras feliz. Y hablo de campos de Primera y Segunda División; nada que ver con las alfombras maravillosas sobre las que se juega hoy en día.

Sigamos con el material: las botas. Por muy buenas que fueran, tenías que «hacerlas» a tus pies, como se decía entonces; era un proceso real de doma de cuero. Hoy me asombra que si a alguien le dicen «vente a jugar un partido», se compra unas botas normales en cualquier tienda, se las pone, juega y no se le caen los pies a pedazos como nos pasaba a nosotros con las mejores de la época.

Y los balones... eso ya es un tema aparte. Comparar las pelotas de mi época con las actuales —y miren que las nuestras eran buenas para lo que había— es comparar dos cosas muy distintas, aunque ambas sean redondas. Antes, el balón juzgaba con crueldad al futbolista: enseguida sabías quién golpeaba bien, quién tenía calidad pura, fuerza, precisión o dominio de los efectos. Hoy en día, cualquiera le pega de cualquier manera a esos balones sintéticos, salen despedidos a mil por hora y ocultan las carencias técnicas de muchos jugadores. Por muy mal que le des ahora, el balón nunca se te queda clavado a un metro; los balones de antes, si les dabas mal, te dejaban en ridículo al instante. (Basta ver cualquier vídeo de la época, incluso de genios como Maradona, para comprobar lo que era domar aquel cuero).

Hablemos de los arbitrajes. Hoy, en cualquier estadio o campo donde se le den dos patadas a un balón, hay una cámara grabando. Antes, sin embargo, había defensas que daban miedo de verdad y campaban con absoluta impunidad por los terrenos de juego. Habíamos crecido en un fútbol violento y solo contábamos con los ojos parciales de la grada y algún fotógrafo preocupado únicamente por captar el gol. Las patadas sin balón eran parte del paisaje; no vendían periódicos.

El defensa protegía su zona como fuera, y «como fuera» significa exactamente eso: si tenía que hacer una entrada para mandarte a la grada, te mandaba; si tenía que sacudirte por detrás sin balón, lo hacía. El objetivo era la intimidación física constante. ¿Y sabéis cuál era la consecuencia? El aplauso del público y la admiración de esa prensa que hoy se escandaliza por un taconazo. El árbitro se te acercaba y te decía por bajo: «No me eches a la gente encima». El jugador talentoso tenía que jugar bien y, al mismo tiempo, aprender a defenderse de esas fieras que hoy, gracias a Dios, ya no existen en ningún campo.

Hay más factores: ¿han jugado los futbolistas de los últimos diez años alguna vez en su vida en un campo embarrado de verdad? La respuesta es no. Antes ibas a jugar al Norte y, aunque no hubiera llovido en un mes, te encontrabas una piscina de barro sí o sí. Hay fotos míticas de Zoco y Velázquez vistiendo la camiseta del Real Madrid sepultada bajo el lodo en partidos oficiales que parecen sacadas de un torneo de aficionadillos. Aquello era lo habitual. Hoy leemos o escuchamos a diario quejas porque el césped está un milímetro más alto, un poco seco o demasiado blando. Podría seguir enumerando diferencias eternamente.

¿Quiero decir con esto que los futbolistas de antes eran mejores y los de ahora son peores? No. Los de hoy juegan al fútbol que les ha tocado vivir y son profesionales extraordinarios de su época. Pero lo que no admito es que se afirme categóricamente que los de ahora son «los mejores de la historia», porque las circunstancias de hace unas décadas eran infinitamente más duras.

Respetemos cada época y disfrutemos de los grandes futbolistas que ha dado cada generación. Lo que genera un rechazo tremendo —por no usar una palabra más fuerte— es el amarillismo de cierta prensa empeñada en vender cada jugada actual como la más grande de la historia, y sobre todo ver a exfutbolistas reconvertidos en periodistas subiéndose a ese carro por puro espectáculo.

2. Resumen analítico

El autor impugna el hábito mediático de calificar a los futbolistas contemporáneos como los «mejores de la historia», argumentando que dicha afirmación ignora de forma irresponsable el contexto técnico, material y social del fútbol de décadas pasadas. A través de su experiencia como profesional en los años 70 y 80, analiza las extremas dificultades de antaño: terrenos de juego convertidos en barrizales, botas rígidas que exigían un doloroso proceso de adaptación, balones pesados que no perdonaban el mal golpeo técnico y, especialmente, la violencia defensiva impune amparada por arbitrajes permisivos y aficiones que celebraban el juego duro. La entrada aboga por el respeto a cada época histórica y critica la simplificación sensacionalista de la prensa deportiva actual.

3. Mensaje principal

El talento no se puede medir al margen de las trincheras en las que tuvo que florecer. Comparar épocas futbolísticas sin calibrar la evolución de los materiales, el estado de los terrenos de juego y la protección arbitral es un ejercicio de ignorancia o sensacionalismo. La grandeza de los futbolistas del pasado no reside en si corrían más o menos que los actuales, sino en su capacidad para desplegar arte y maestría en campos de barro, con botas de plomo, balones implacables y rivales que buscaban la intimidación física en cada jugada.

4. Historia inspirada en el texto original: "El cuero y el barro"

El crujido del cuero duro de las botas recién compradas era el primer rival del domingo. Agustín recordaba bien aquellas mañanas en las que meter el pie en el calzado requería paciencia, alcohol para ablandarlo y la certeza de que terminarías el partido con los tobillos ensangrentados.

Camino del túnel de vestuarios en un estadio del Norte, la lluvia incesante ya había convertido el área chica en un cenagal indescifrable. El balón, lejos de ser la esfera ligera y aerodinámica de hoy, pesaba como una piedra en cuanto absorbía el agua. Para dar un pase de treinta metros con rosca no bastaba con inercia o botas de última generación; hacía falta una técnica pulida a base de golpear miles de veces un cuero implacable que, si le pegabas mal, te ponía en evidencia ante diez mil espectadores.

A los diez minutos de juego, Agustín recibió pegado a la banda. Antes de que el balón llegara a sus pies, sintió el aliento del lateral rival en la nuca y el impacto seco de un taco de aluminio a la altura de la espinilla. El árbitro, impasible a unos metros, se limitó a hacer un gesto con la mano para que siguiera el juego mientras la grada local jaleaba la tarascada. Para sobrevivir y destacar en aquel fútbol no bastaba con ser un artista: había que ser un gladiador. Por eso, cuando hoy escucha en la televisión a analistas engominados hablar del «mejor de todos los tiempos» porque alguien hizo tres regates sobre una moqueta perfecta, Agustín solo puede sonreír con la nostalgia de quien sabe lo que de verdad costaba domesticar aquel balón de barro.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Los Ballotelis y Jeses

                 Los Ballotelis y Jeses



Con el mundo del fútbol y del deporte en general me gusta ser respetuoso; como es normal, tengo mis preferencias en todos los campos, tengo mis preferencias en la manera de jugar, en la manera de entender el juego; hay jugadores que me gustan cómo juegan y no tanto su carácter y al revés, tíos que no me gustan tanto cómo juegan y sí sus maneras, y jugadores de los que me gustan las dos facetas y otros que no me gusta ninguna de las dos... Nada nuevo bajo el sol, lo normal, eso le pasa a todo el mundo, pero a todos los respeto.
Suelo ser muy respetuoso con la vida privada de cada uno; en este caso hablo de futbolistas. Me da igual lo que haga, lo que deje de hacer, con quién salga o entre y a lo que dedique su vida, si le gusta vestir de tal cual manera o si le gusta cualquier afición de la que yo no sea partidario, siempre que no haya violencia ni explotación... Me da igual.
Pero hay unos elementos en el fútbol a los que me cuesta trabajo, no sé si la palabra es respetar; lo que sí es verdad es que me fastidia que el destino sea tan generoso con ellos. En realidad, estoy fastidiado con el destino que le da demasiada suerte a unos y poca a otros, y los tipos de tíos a los que me refiero se encarguen de no dar nada a cambio... solo problemas. 

Un ejemplo de esto es Balloteli, un señor que parece que tiene unas buenas condiciones para jugar, y no ha hecho más que tirar por la borda una tras otra las oportunidades que se le dio y que increíblemente le siguen brindando... Yo pregunto... ¿Cuántos jugadores mil veces mejores que este tío no han tenido nunca la oportunidad de tener la oportunidad de demostrar su valía? Sé la respuesta... Miles...
Pues aquí tenemos al señor Balloteli tirando una tras otra oportunidades a la basura, y sin saber nadie cómo, siempre tiene un equipo al que demostrar nada de nada en el terreno de juego y todo lo contrario a lo que debe ser un futbolista fuera del mismo... Pues oportunidad tras oportunidad hasta el día de hoy...



Aquí en España tenemos un incipiente Balloteli en forma de Jesé, un chico que tiene condiciones para jugar, pero que no va a marcar ninguna época, que jugó en el Madrid como otros muchos y de ahí se le aparece la Virgen y lo ficha uno de los equipos más ricos del mundo y donde mejor pagan... Hasta Ibrahimovich echa de menos el salario que tenía allí, como dijo hace poco en una entrevista...
Y que hasta ahora ha sido noticia por limitar el sueldo a la novia a 6000 euros a la semana para que la chica no se aburra en París, y hoy mismo por enterarse de que es padre de un bebé nuevo por la red social Instagram de una chica que no es su novia actual... y por decir que él… Ha venido al PSG a jugar, no a ser suplente"... a modo de reproche al técnico que lo pone poco, pero que fue el que lo recomendó.

Imagino que los dueños del PSG estarán de acuerdo; ¿qué le dirán? "Tienes razón, nosotros te pagamos esta pasta para que juegues, no para que seas una estrella de reguetón".
Pues Jesé, si sigue en este camino, saldrá más pronto que tarde de allí y se hará un Balloteli de equipo en equipo; siempre hay un equipo que te quiere reinsertar... ingenuos... Ojalá me equivoque, porque cuando uno juega al fútbol, quiere, o imagino que quiere, que lo recuerden como futbolista... Aunque a estos tíos, que ha habido bastantes, siempre se les da un plus de confianza por lo que no hicieron y pudieron hacer, pero cuando se cuenta algo de ellos, es siempre una hazaña que hicieron... Fuera de los terrenos de juego... Pocas, muy pocas o ninguna en los terrenos de juego.
Yo no le deseo mal a nadie; ojalá Balloteli y Jesé jueguen mucho y bien... (lo dudo), pero las oportunidades deberían estar más repartidas... El destino es caprichoso y le debe gustar lo fuerte que está Balloteli y el reguetón de Jesé...
 Mi respeto, o no sé cómo llamarlo, no lo tienen; no les importará un pimiento, ni tendrán noticias de mí nunca, pero no lo tienen.