Si algo me gusta poco, son las frases hechas: «Soy amigo de mis amigos». «Yo es que soy un ganador nato».
La primera ni la comento. La segunda es la que hoy me interesa; voy a ello. Hay mucha gente que se autocalifica como «ganador nato», y yo siempre me he preguntado: ¿qué es eso?, ¿existen los perdedores natos?
Con el paso del tiempo los he ido identificando y siempre siguen un mismo patrón: chillan mucho, sobre todo cuando hay gente ajena al equipo o al deporte que estén practicando; se regañan mucho a sí mismos con el insano propósito de que, cuando otro falla, tener la justificación perfecta para llamarle la atención... Y, sobre todo y por encima de todo, suelen ser personas muy poco talentosas que lo justifican todo poniendo cara de velocidad y aparentando estar siempre enfadadas.
Luego están las famosas frases de su repertorio: «¡Hay que echarle cojones!», o una muy graciosa: «¿Cómo he podido fallar eso?». Imaginad lo que dicen cuando el que falla es otro. Y si ese otro es un buen tipo y no alguien como yo —que los solía mandar muy lejos, pero con palabras mucho más duras—, pues aguanta, y el «ganador nato» es feliz... Aunque realmente nunca llegan a serlo: no disfrutan ni cuando ganan.
Yo nunca he sido (gracias a Dios) un «ganador nato». Realmente no existen los ganadores natos; existen los acomplejados natos, perfectamente identificables con estos tíos. Pero, aunque parezca mentira, de tanto repetir esa memez el mensaje ha calado. La frase es elocuente y rimbombante, y eso mola en estos tiempos...
En el vídeo al que hago referencia tenemos a Diego Smith, un entrenador de infantiles del club Rivadavia de Río Primero (Argentina), que empieza a hablar a sus chavales, sobre todo a uno de ellos que apunta a «ganador nato». Y da una lección, pero no de fútbol, sino de vida; viene a decirles a todos: «Disfrutad del momento de jugar el partido, disfrutad con los compañeros, haced el máximo esfuerzo por ganar...». Pero no pasa nada si ganas o pierdes: perder o ganar forma parte del juego, como la vida misma.
Parece mentira que una cosa tan simple, tan evidente y dicha de una manera tan sencilla se haya hecho viral en las redes sociales en su propio país y traspase fronteras. Es alucinante que algo tan básico sea noticia.
Me encanta cuando dice: —¿Analicemos el partido... Nos ganaron bien? Los chicos responden: —Sí... Y él les contesta: —Entonces, ¿de qué te calentás?
Yo dejaría con mucha tranquilidad que a un hijo mío lo entrenara Diego Smith. Es más, deberíamos exigir que las personas que se hacen cargo de nuestros pequeños —y no tan pequeños— fueran «Diegos Smiths». Por suerte, no formarán «ganadores natos»; formarán personas felices de ser parte de un colectivo que disfruta jugando al fútbol.
Mi admiración por Diego Smith y por todos los que, como él, se preocupan de formar personas... y de meter en vereda a los futuros «ganadores natos».
Para aprender a ganar, lo primero que hay que hacer es aprender a perder.
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