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viernes, 25 de noviembre de 2016

Teo Gutierrez ,Centurion , Vadin Mischanchuk el Juez ...Morena y Jular

               Teo Gutierrez , Centurion ,
              Vadin Mischanchuk ,  el Juez ,
                      Morena y Jular


En estos días en que el blog ha estado en «suspenso» por enfermedad del ordenador, como es normal, han pasado cosas: muchas y muy documentadas mediante la prensa.

Algunas de las que pasaron me han confirmado que vivimos en un mundo donde hay muchos humanos que nos decimos iguales —y probablemente sea así—, pero que las sociedades y el lugar del mundo en que vivamos son determinantes para la forma de entender la vida; y al mismo tiempo, en el mismo país, se puede dar que una cosa sorprendente por estúpida (siempre desde mi punto de vista) y otra admirable, aunque no exenta de tristeza y drama, pasen al mismo tiempo.

Y como aquí se habla de fútbol, pues eso haré.

Se jugó un partido entre Rosario Central y Boca Juniors en el campo de este último, y a un tal Teo Gutiérrez, jugador de Rosario Central —el tal Teo es colombiano— le dio por meter un gol y, al celebrarlo, hacer gestos a las gradas dibujando la señal de la franja diagonal que lleva la camiseta de River Plate, enemigo, que no rival, de Boca Juniors... (recalco lo de enemigo).

Consecuencias: el tal Teo expulsado, y los jugadores de Boca que se lo querían comer, entre ellos un tal Centurión, que también fue expulsado por agresión al tal Teo. De los jugadores de Boca y del tal Centurión diría que si hubieran puesto el mismo empeño en evitar el gol que el que pusieron en insultar, agredir al Teo y calentar el ambiente, el tal Teo no hubiera podido hacer ningún gesto.

Pero es más importante hacer ver a la afición que son muy de Boca y que sienten los colores agrediendo, insultando y dando patadas... Que es lo que le gusta a las «barras». Ya lo de jugar bien y ganar partidos es lo de menos; lo primero es que se sepa que soy muy de los colores... Para evitar problemas.

Al tal Teo le diría que se lea un libro de vez en cuando, para que la única neurona que tiene en la cabeza le rebote contra alguna idea, un pensamiento positivo o algo de cultura, y así le durará más. Imagino que los dirigentes de Rosario le darán la baja para que vaya a probar a River, y seguro que no tiene problema en fichar allí... Habla con las «barras» de River y arreglado.

Pero ahí no quedó la cosa: todos quieren su momento de gloria y salir en los papeles, aunque sea para hacer el ridículo; está bien, como dice el dicho: «Que hablen de uno, aunque sea mal, pero que hablen».

Un abogado de Buenos Aires de nombre impronunciable (Vadim Mischanchuk) —si lo he escrito mal, me da igual—, que por lo visto no tiene cosas más importantes que hacer, al ver el gesto que hace el tal Teo lo denuncia por alterar el orden público, y el juez, muy diligente, no lo manda al carajo y lo admite a trámite.

Es decir: el desorden social y el caos los provoca el tal Teo. La corrupción, la impunidad de las «barras», la delincuencia galopante, las estafas, los robos diarios y el no poder ni siquiera ir tranquilo al fútbol... (que le pregunten a Ricardo Darín por qué no va al fútbol). Eso no les tiene hinchadas las pelotas a los argentinos; el gesto del tal Teo, sí.

Y en medio de esto aparece Morena, una niña argentina de nueve años muy aficionada al fútbol que, estando viendo uno de los partidos que juega su equipo, vio cómo expulsaban a Jular, un jugador del equipo rival, por discutir con el árbitro. El jugador, todo enfadado, en vez de irse al vestuario se quedó en una esquina sin querer hablar con nadie, hasta que apareció Morena y empezó a preguntarle qué tal estaba y por qué lo habían expulsado. Jular no quería hablar al principio, pero la dulzura de esta niña y darse cuenta de que tenía hijos de esa edad le hizo charlar con ella, y con la charla se le fue el enfado.

Morena vive en Saturnino María Laspiur, a 194 kilómetros de Córdoba (Argentina), con varios hermanos y sus padres en unas condiciones lamentables, al punto de no tener ni zapatos que llevarse a los pies ni alimento que llevarse a la boca... Pero tiene un corazón lleno de buenas intenciones y una cabeza enfocada a ser una buena persona.

Me gustaría que el del nombre raro de Buenos Aires, el juez, el tal Teo, Centurión y sus matones tomaran nota de la nobleza de una niña de nueve años... Pero lo dudo.

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