Me gusta leer periódicos y noticias del fútbol argentino; siempre he tenido mucha admiración por los jugadores de allá y aún creo que de allí salen los mejores del mundo —aunque cada vez menos, y no me extraña—.
Una de las noticias de la semana, aunque no la única de este tipo, fue que un jugador de Vélez Sarsfield, al salir del campo estando con su mujer y su hija pequeña, fue agredido e insultado por haber cometido el «sacrilegio» de pertenecer a un equipo que perdió un partido. Unos tíos se ven en el derecho de agredir a alguien por perder varios partidos... o por la posibilidad de perder el negocio que tienen montado alrededor de ese club, con el permiso de los dirigentes y autoridades de turno.
Automáticamente se me vino a la cabeza el documental de Jon Sistiaga sobre las barras bravas que hizo en 2012. Lo he vuelto a ver —ya lo vi varias veces— y cada vez me parece más alucinante y triste a la vez.
Dice un tipo en el documental: «Son un mal necesario...». Con esa filosofía, mal vamos. Es como justificar que haya políticos corruptos, ladrones, asesinos, estafadores y demás calaña, y excusarlo como un «mal necesario» porque forman parte de la sociedad. Y la cosa es muy clara: el mal nunca, nunca es necesario.
Por curiosidad veo algún periódico o portal de internet con noticias del fútbol argentino y compruebo que es lo habitual. Hay toda una cronología de hechos similares. Cuando uno se acostumbra a que lo que debería ser extraordinario se convierta en habitual, malo, malísimo.
Conozco y he conocido a muchos argentinos a lo largo de mi vida y no logro identificar a esas personas con lo que se ve en el reportaje y en las noticias que se reciben casi después de cada partido. Son apasionados del fútbol, pero excelentes personas, y no me cabe en la cabeza que ni uno solo de ellos diga que una barra brava es necesaria. Barras o peñas que animen a sus equipos, bienvenidas sean; mafias, no.
Si trescientos pueden con treinta mil (como se ve claramente en el magnífico reportaje de Sistiaga de hace cuatro años, pero que hoy día parece que se podría hacer exactamente el mismo), mal vamos. Lo más triste y espeluznante del reportaje es cuando al final un jefe de estas barras casi apalea a un policía y al propio Sistiaga, y el policía dice: «Pensé que nos mataban». La autoridad sumisa al delincuente... Increíble.
Y otro jefe de policía justificando que se corte el tráfico para que estos tíos entren gratis, mientras la gente honrada está parada en sus autos viendo cómo el «mal necesario» pasa como si fueran héroes al estadio para destrozar el fútbol argentino.
Gracias a Dios, aquí se cumple la ley y nadie dice que unos tipos como esos son un «mal necesario». El documental es alucinante; yo lo veo con curiosidad y con pena. Los argentinos que lo vean deberían verlo con rabia y ganas de que eso se erradique de su país.
Y recuerden: EL MAL NUNCA ES NECESARIO.
Este texto lo escribí un 1 de noviembre, pero hoy, 27, y mañana, y cada vez que hay partido en un campo argentino, podría escribir exactamente el mismo una y otra vez. No hay día que no salga una noticia de agresión, coacción, robo o tiroteo de las tristemente famosas barras. Hoy le tocó a Centurión (el de la patada a Teo): unos tíos de la barra de Racing agredieron a Centurión y a su primo por la decisión de fichar por Boca en vez de volver a Racing. Y siguen opinando que son un mal necesario...
(Noticia de prensa):
«Ricardo Centurión vuelve a ser noticia por cuestiones extrafutbolísticas. Aunque todavía no está claro el motivo del hecho, según cuentan desde el entorno del jugador, el volante de Boca iba con su primo a visit
Uno de los barras que estuvo en
"Esto es una muestra más de lo que es la puerta giratoria de los barras en la Justicia —afirmó Juan Manuel Lugones, titular de la Aprevide—. Este barra estuvo detenido después de los allanamientos que se hicieron la semana siguiente a los incidentes posteriores a Patronato y luego fue liberado. Nosotros y los buenos policías hacemos el esfuerzo de meterlos presos, y cuando lo están los largan y vuelven a cometer este tipo de actos propios de los barras"».
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