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lunes, 6 de abril de 2020

Mi amigo Lucas

                             

    


         Mi amigo Lucas

La primera vez que yo hablé con Lucas no fue en un tono muy agradable... Ya nos habían ganado en Ronda (tenían un muy buen equipo)... Yo jugaba en el Fuengirola, un equipo de jugadores muy jóvenes, todos del pueblo, y tres veteranos, y encima dos de ellos se lesionaron de gravedad; quedó un solo veterano ileso en el equipo... Este veterano era yo.

Al Ronda lo entrenaba Enrique Alés, que en su día también me entrenó a mí; me tenía en gran estima, como yo a él. No sé si en la charla previa al partido le diría algo de mí; el caso es que "mi amigo" entraba más fuerte de lo debido... Le dije: "¿Qué haces? Ten cuidado...". Me respondió con mala leche": "Lo que hago es que tú a mí no me llevas (no me superas)".

Terminó el partido, perdimos (era lo habitual)... Después de ducharme, fui a despedirme de Ales; estábamos hablando cuando pasó Lucas y me miró con mala cara... Le dije a Alés: "No veas este". Se sonrió y no dijo nada.

Dos años después nos encontramos, esta vez de compañeros en Marbella.

Lucas tenía 24 años y yo 29; eso son muchos años de diferencia en este mundillo futbolístico; yo empezaba a ser veterano y él estaba en plenitud... Él tenía coche y yo ni carnet (no me gustaba y ni me gusta conducir)... Me recogía para ir a entrenar y fui conociendo a mi amigo, ya sin comillas.

Entonces aún venía a Marbella Antonio Sánchez, otro artista, un delantero formidable, que no tenía mucho interés en seguir en el equipo (de hecho, no siguió). Íbamos los tres en el coche y un día de regreso paramos en Casa Dani...

Y pedimos unas cervezas y tapas... Sánchez, en fin, Lucas se marchó y al otro día esperábamos que nos recogiera; venía el coche, pero no muy rápido; dentro, el Lucas con gafas de sol y muy mala cara... —¿Qué te pasa? —le dije. —Es que yo no bebo y ayer con las cervezas que me tomé por no hacer el feo me puse malo... Estoy muriéndome... No me imaginaba que Lucas no bebía nada de alcohol; hoy día no sé... El que no bebe nada hoy soy yo.

Lucas era una fuerza de la naturaleza en el campo, enérgico, entusiasta, con una confianza absoluta en sí mismo; no sabría decir si era mejor en el centro del campo o en punta... Y eso era porque jugaba como si estuviera jugando en el barrio, que se juega de todo; lo daba todo en cada acción, pero la ortodoxia del juego no iba con él, imprevisible, hiperactivo e intenso en todo lo que hacía; él salía a darlo todo... Pero el tema táctico no iba mucho con él... Por eso, si me hubieran preguntado... ¿Quién no va a ser entrenador de fútbol?... Yo hubiera dicho, Lucas.

Fuera del campo podría perfectamente pasar por un actor, encima guapote, simpático, y él lo sabe... Eso muchas veces ha jugado en su contra en esto del fútbol.

Pues mi amigo, sin comillas, Lucas, va y se hace entrenador y encima, bueno, yo diría extraordinario, disciplinado, estudioso, entregado a su profesión...

¿Dónde está mi Lucas, que me lo han cambiado?

Y no, no lo han cambiado; esa entrega, ese entusiasmo, ese jugar el balón como si fuera el último, ese creer en sí mismo es lo que transmite ahora como entrenador, esa sapiencia futbolística... esa que yo no supe ver en su momento.

Espero y deseo que Lucas entrene algún día a un gran equipo; no creo que necesite más de una oportunidad, pero una oportunidad real.

Si no es así, él diría lo que dijo Michel, jugador del Madrid, a un periodista que le preguntó.

¿Usted en el Madrid se siente realizado como jugador?

Michel contestó: —Yo me hubiera sentido igual de realizado jugando en el Leganés... Yo soy futbolista.

Lucas es entrenador de fútbol... Y de los buenos.

1 comentario:

  1. Si señor lo has clavado.. Un fenómeno como persona por fuerza es un fenómeno en todo lo que haga.
    Un abrazo.

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